Para aterrizar un tanto parte de estas reflexiones pasaremos a presentar unas aproximaciones al estado comercial del planeta, así como su horizonte de futuro más próximo, más antes de entrar en materia y con la finalidad de ubicar la presente propuesta, habría que hacer un par de referencias relativas a nuestra actualidad, para así contextualizar las argumentaciones generales que se exponen a continuación.
Dada la actual geopolítica, en que están repletos de tratados bilaterales entre los diferentes países y regiones, de distintos ámbitos y alcances, así como se da la preexistencia de distintos grupos subregionales que conforman áreas de libre comercio o aún más profundas uniones. Todo lo cual conlleva un conjunto de complejidades a la hora de buscar una estandarización en los flujos comerciales y sus maneras de concretarlos.
En el entendido de que la evolución y estado de los tratados comerciales entre países se ha formalizado desde una visión o filosofía primordialmente neoliberal, donde el predominio de una supuesta mano invisible del mercado, que viene imbuida desde sus inicios por los principales defensores del liberalismo económico. La que supone o debiera ser sufragadora de las desigualdades de la sociedad actual y de las consecuencias de la apertura comercial indiscriminada. Mano que no ha mostrado aún su cara benévola. Así el pretender esperar que ésta venga a equilibrar las disparidades económicas y de desarrollo del continente es una falacia.
Mientras por otro lado se encuentran entrampadas las actuales agendas políticas en su entronización de la vida democrática, que deriva en el grave peligro que esta modalidad contiene y que es, a saber, el que en pro de una falsa o pseudo tolerancia hacia las distintas formas del pensamiento que se dirimen en las arenas políticas, -muchas veces más por apariencia que por convicción- y la libertad de procederes –basada en la multiplicidad; regionalismos y multilateralismo-, se apodere del sistema una anarquía sin reglas que nos lleve a la autodestrucción o al retroceso, visto que en muchas sociedades hace falta mucha cultura y madurez política que se deja por ignorancia, impotencia o por incredulidad en manos de unos pocos políticos indefinidos o definidos por ambiciones personales o partidistas, que hacen del “victimismo, el maniqueísmo y hasta el fanatismo” que se apoderan de la escena pública su “mayor capital político” [1].
Con la agravante de un cada vez mayor, surgimiento de grupos radicales desestabilizadores de distintas tendencias. De esta guisa, si las instituciones democráticas no producen resultados sociales para estrechar el abismo entre ricos y pobres, tarde o temprano podemos tener el retorno a la vieja tradición: el autoritarismo, ya estamos viéndolo en varios estadios. La democratización es la mejor alternativa deseable, y posible -conocida de momento, pero muy probable reemplazable por un sistema más sabio y con visión de conjunto-. Democracia traducida en inversiones, con política social, con política fiscal, con capacidad redistributiva del Estado que tienda a erradicar la marginalidad. Por lo que el bien común obliga en este marasmo de intereses a gobernar a discreción de forma lúcida.
Así y en virtud de que hoy en día, la dimensión mínima para cambiar realmente estructuras y dinámicas nacionales en beneficio de las mayorías es regional. Y dado que una realidad incuestionable está dada en la increíble velocidad del pensamiento humano, la limitación que a éste se impone por las restricciones inherentes a los lenguajes y la consecuencia de una excesiva confianza en los sistemas computacionales, que colisiona en algunos casos, regiones o subregiones con el deficiente sistema de servidores para el usuario común, como con sus recursos de tiempo y equipo.
Además si en esta tesitura aceptamos el que la “sociedad global postcapitalista se basará económicamente en una economía democráticamente planificada y orientada en torno a las necesidades reales de las mayorías; fundamentada teóricamente sobre la teoría del valor objetivo y el principio de equivalencia y técnicamente sobre computadoras y matemáticas avanzadas y, políticamente, en la democracia participativa, cuyas bases tecnológicas están dadas por los multimedia e internet”, [2] todo lo cual suena bastante halagüeño y propósito alcanzable en el mediano plazo. E incluso hay quien se aventura por derroteros más futuristas que prometen una sociedad justa fundamentada en grandes negocios inteligentes que entiendan la mercantilización de sus actividades como una falla que asigna capitales muertos a los detentadores de la propiedad y que en su perfeccionamiento evadan esta modalidad lucrativa del ser, por la de un ser superior común.
Pero sin perdernos en vericuetos tan futuristas y de más largo plazo, una de estas ideas se puede visualizar y concretar fehacientemente, concibiendo, diseñando y conformando, una especie de Constitución Inteligente para el planeta, basada en el derecho internacional y un derecho comunitario que albergue, como es la tradición del derecho constitucional y consuetudinario, las normas, leyes y políticas que han ido surgiendo en su seno, haciéndola funcionar de forma coherente y equitativa.
Para ser más pragmáticos, esta constitución debía ir adoptando como propios los acuerdos bilaterales que van conformando los acuerdos generales entre países y regiones, tomando el ejemplo y complejidad de México, pasando desde la constitución del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Canadá y Estados Unidos, incorporando después la integración mexicana al mismo, para después del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN/NAFTA), que retrocedío bajo la batuta, perspectiva e intereses Trumpistas a Tratado México, Estados Unidos, Canadá (T-MEC), para evolucionar a un Tratado de Libre Comercio de América (TLCA), y así sucesivamente hasta llegar al tratado más ambicioso, robusto y completo, cuya función además de informativa, sea formativa, con capacidad de abrogar y derogar instancias, dando seguimiento y actualizando reglas, normas y políticas, tomando como base los tratados fundacionales y sus instituciones, como generadores de un “derecho común derivado”, [3] esto de momento es sólo un esbozo totalmente factible al corto plazo, donde la voluntad política de las partes sería un bastión fundamental.
El Parlamento Latinoamericano; Parlatino [4], por poner otro ejemplo, sería una realidad más palpable y productiva en esta senda, pues por medio de un sistema específico y complejo podría irse desarrollando una Metaconstitución subcontinental que hiciese factible a más corto plazo la integración política de la región. Igualmente trabajar en una ingeniería del software para sustentar el nacimiento de un Banco Central Latinoamericano que albergue en una canasta de monedas el embrión de una moneda regional, es otra de las tantas áreas prometedoras y apuesta por ganar.
Al interior de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) por insistir en el tema, podría suprimir la confusión jurídica, -actualmente- contradictoria y de difícil convergencia, que causan el conjunto de cláusulas de los acuerdos de alcance parcial o de complementación económica registrados y por suscribirse en esa asociación, como normas de origen, salvaguardias, solución de controversias, la intensidad y los ritmos de desgravaciones arancelarias y no arancelarias, etc., que difieren entre sí, ayudando a una integración profunda, con ritmos más claros y acompasados.
Paralelamente se debe trabajar para eficientar el Acceso a Mercados; la regulación y apoyo a la Agricultura de una forma equilibrada y consistente; transparentar los manejos de las Reglas de Origen; los Procedimientos Aduaneros; la promoción y control y, o regulación de la Inversión intrarregional; las Normas y Barreras Técnicas al Comercio; los Subsidios, Antidumping y Derechos Compensatorios; las Compras del Sector Público; los derechos de Propiedad Intelectual; el Comercio de Servicios; llevar por una senda clara que tienda a unificar las Políticas de Competencia; y buscar una dirección y orientación para la Solución de Controversias de forma eficaz, equilibrada y transparente.
Aunque suene muy trillado y retórico, el futuro está aquí, por tanto, es menester no sólo provocarlo o padecerlo, sino pensar en él, encaminarlo. La tecnología será un instrumento poderoso sí y sólo sí, se acierta a emplearla y se evita que domine con su inercia poderosa, con programas de crecimiento solamente inspirados en lo que puede hacer y que nada tengan que ver con lo que se desea que suceda. [5]
Con esta afirmación no se quiere caer en falacias o afirmaciones simplistas, pues como dijo Shannon, jamás en la naturaleza con una sola llave se abrieron todas las puertas. Por ello se limita a sentenciar en esta propuesta, que la IA tiene como objetivo, el buscar y proporcionar a los hombres una mejora y aumento de sus capacidades mentales. Más en la cuenta de que se trata del estudio del comportamiento inteligente, cuyo fin último es conseguir una teoría de la inteligencia que explique y reproduzca el comportamiento que se produce en seres naturalmente inteligentes, y que guíe la creación de entes artificiales capaces de alcanzar un comportamiento inteligente benefactor para nuestra humanidad y el planeta en su conjunto.
Estas situaciones resaltan, el que los proyectos gubernamentales a pequeña escala exigen una organización a gran escala y programas informáticos de creación local. Otra demostración de que la realidad en ocasiones es más benigna de lo que parece desde las perspectivas macro, está patente en el Amazonas peruano, donde gracias a la fabricación de un software de creación europea -y adaptado a la realidad regional-, denominado Electre 4, se realiza la supervisión constante de los avances de los distintos proyectos del Fondo de Cooperación para el Desarrollo Social (Foncodes), un fondo gubernamental de desarrollo que busca paliar los efectos del austero programa de ajuste estructural y de estabilización, y consiguientemente aliviar la pobreza rural, evitando fugas, despilfarros o simplemente perdidas, no solo económicas, sino incluso de tiempo al proporcionar eficacia.
Establecer sistemas que reciban el detalle de todas las obras aprobadas, incluyendo los datos de ubicación de la comunidad, cantidad de beneficiarios, impacto ambiental, fecha en que se recibe la solicitud, etc. . “Eliminado prácticamente las presiones políticas de las autoridades locales que querían que se diera prioridad a sus proyectos”, ya que estos, “por fuerza, están limitados y las necesidades son infinitas” [6].
Por ello y esquematizando, la IA es la suma de conocimientos que busca dotar al ser humano de procedimientos, métodos y técnicas que mejoren su capacidad de pensar y razonar hasta que estas actividades sean verdaderamente inteligentes.
Para ello se pretende, inmediatamente, automatizar las tareas rutinarias del pensamiento y razonamiento, auxiliando a los seres humanos en la automatización de la parte más innoble de su actividad. Y, a más largo plazo, obtener un entendimiento concreto de la inteligencia, que facilite, por una parte, la apreciación de su sofisticación y, por otra, el intentar sintetizarla [7] y modelizarla. Logrando de esta manera la construcción de máquinas que piensen, como y para las personas, aprendiendo a separar el conocimiento del procedimiento, sobre la base de una certera representación del conocimiento y donde la educción correcta juega un papel vital.
En esta dinámica las innovaciones que surgirán de esta iniciativa son muy variadas, pues habría que pensar en irradiar el uso de la fibra óptica y/o los avances tecnológicos punteros y probados como no intrusivos (la 5-G de momento está siendo muy cuestionada y más en su fusión con el/la Covid-19) ni degenerativos para evitar los cuellos de botella, debidos a la utilización del obsoleto cableado de cobre, para apoyar y eficientar el servicio de los servidores a los clientes de internet de las distintas regiones [8]. Donde fácilmente cabría ofrecer más líneas telefónicas y tarifas más bajas por medio de servidores más potentes con conexiones más rápidas, acceso a banda ancha, más espacio para almacenar y otras mejoras, junto con la aceptación de tarjetas de crédito nacionales en el comercio electrónico con elementos autóctonos surgidos del conocimiento y la creatividad e ingenio regional, de forma tal que esto sea factible a menores costos que los que significan de importar tecnología y materiales.
Por medio de marco jurídicos y normativos bien definidos, con leyes, impuestos a las ventas y otros, el respeto de la privacidad del usuario, controles de precios, protección al consumidor en el comercio nacional e internacional, que eviten el libelo, la difamación y observen la protección a los derechos de autor, y de datos se logrará una menor dispersión de la lonja comercial mundial.
El Estado del futuro está obligado a sentar las bases y comprender con visión holística, de conjunto, que las sociedades del conocimiento deberán ser capaces de agregar o no, valor a los intercambios comerciales. Ya que la prosperidad y el bienestar de los individuos están directamente proporcionados por la habilidad de las sociedades para integrar formas inteligentes en sus intercambios.
El acceso de la sociedad a los circuitos de conocimiento debe ser un círculo virtuoso hecho a la medida de las peculiaridades y circunstancias propias de cada sector y sociedad. Para lo que resulta vital el tener soportes técnicos hechos por y para las características identitarias propias de cada región. El Estado debe buscar el bienestar de la sociedad planteando más que políticas educativas, políticas de conocimientos.
La constatación de cifras evidencía el “abismo digital” [9], tanto entre los países desarrollados y los que están en vías de desarrollo como entre los analfabetos informáticos y los que poseen conocimiento en la materia. Siendo que la capacidad de un país tecnológicamente atrasado para desarrollarse, depende de su capacidad social de adaptar y desarrollar tecnologías avanzadas.
Resulta forzoso así, romper el círculo vicioso que significa el desigual acceso a internet y demás tecnologías de avanzada. Si las políticas de Estado comprenden que el esfuerzo en este rubro es prioritario, concienciando en esta senda, que la generación y difusión de información y del conocimiento en el mundo son vertiginosas gracias a las tecnologías avanzadas, más cerca estarán de trabajar por un futuro promisorio. Al dar a la población en general la oportunidad de acceder a la información y al conocimiento se reduce la brecha digital, para ello habrá que prestar una eficaz conectividad [10], una coherente potencialización de las capacidades, con el desarrollo de contenidos locales, apostando por la creación de un ciberespacio con diversidad cultural y lingüística.
Por lo que los distintos Estados tendrán que comprender acciones dirigidas a la vinculación de los ciudadanos con las sociedades del conocimiento y con las múltiples formas de interpretación y anticipación de la realidad. Así los Estados deben proveer a sus ciudadanos las herramientas para que ellos continúen adquiriendo información y conocimientos más allá de la escolaridad formal. Materia en la cual esta propuesta puede beneficiar enormemente.
[1] Salazar, Luis: “Laicos modernos o mexicanos como siempre”, Revista Nexos, N° 282, México, junio 2001.
[2] Dieterich, Heinz: Identidad Nacional y Globalización: La tercera vía; Crisis en las Ciencias Sociales, Editorial Nuestro Tiempo, México, 2000.
[3] Issaac, Guy: Manual de Derecho Comunitario General. Editorial Ariel, S. A., Barcelona, España, 1985. Para un análisis de los lineamientos específicos y diferenciales del ordenamiento jurídico comunitario y el ordenamiento internacional y las relaciones entre la norma comunitaria y la norma interna véase, J. V., Louis: “El ordenamiento jurídico comunitario”. 2° edición revisada y actualizada, Comisión de la Comunidad Europea, Bruselas-Luxemburgo, 1983, citado por, Il Político, A. 49, N° 1, 1984, en, Lavopa, Jorge Horacio: “La dimensión jurídica de la integración”. Al respecto véase también, Buscaglia, Edgardo: “Análisis de los determinantes legales y económicos de la integración en América Latina: el caso del Mercosur”. Ambos en Fundación Konrad Adenauer: Integración en América Latina. CIEDLA, 4/1996, Argentina, 1996. Este último autor afirma que “…la capacidad que revele un país tecnológicamente atrasado para recuperarse de ese atraso depende, en parte, de su capacidad social de absorber tecnologías avanzadas”, que es, en parte la idea que aquí se postula.
[4] La composición del Parlatino ideal estaría conformado con porcentajes nacionales de representación plural de los Congresos y las Cámaras, con políticos profesionales de carrera, donde la participación de la sociedad civil sea respetada y considerada.
[5] González Quirós, José Luis: “El individuo en la sociedad digital”. Material de trabajo del curso “Los límites del individualismo”, Universidad Complutense de Madrid, Almería, España, julio 29, agosto 2 de 1996.
[6] Carlos Mendoza en Bowen, Sally: “Programa de desarrollo”, Conexión, Revista Latin Trade, EE.UU., diciembre 1998.
[7] Juristo Juzgado, Natalia et al: Inteligencia… op. cit..
[8] La estructura de fibra óptica instalada para transmitir información en los Estados Unidos tiene una extensión de 17.5 millones de kilómetros e Italia y Francia cuentan con 2.5 y 1.7 millones de kilómetros, respectivamente, mientras que México únicamente dispone de 86 mil kilómetros, a pesar del gran crecimiento de los últimos años, en Guadarrama H., José de Jesús: “Acaparan países… op. cit..
[9] Según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (de México) a principio del siglo XXI, de los 100 millones de cibernautas del mundo, 92 están en los países desarrollados. En estos últimos, habría un promedio de 77 usuarios por cada mil habitantes, mientras en los que esta en vías de desarrollo el promedio es de 2 por cada mil. Guadarrama H., José de Jesús: “Acaparan países… op. cit..
[10] Conectividad significa hacer universal el acceso a las tecnologías digitales.