“El cambio se acerca, os guste o no”
Greta Thunberg en la Organización de Naciones Unidas (ONU), 2019.
¿Dónde reside el meollo del asunto para lograr difundir y aceptar las ideas que venimos barajando en las presentes maquinaciones?, en todas y cada una de las ideas o universos paralelos en que discernimos todos y cada uno de los seres pensantes y dialogantes, que, aunque no hay una verdad imperiosa, ninguna idea debe elevarse a lo absoluto, si hay directrices del sentido común. Todos los conceptos sobre el mundo y la vida que tenga la gente no son más que modelos, la verdad es una abstracción [1].
Entre todas estas verdades una constante aceptable y conveniente es por el momento la Democracia, que en este caso proponemos como Universal, bajo las premisas más avanzadas de nuestra humanidad y plasmadas en la instituciones internacionales e internacionalistas y sus logros; la ONU debiera ser la guía, perfeccionando -junto con los organismos y comisiones que la acompañan y que surjan a tales fines- el libre mercado con pautas de sustentabilidad, desarrollando un nuevo Capitalismo Socialista Asistencial, Centrista y Unificador, que transforme gradualmente los círculos viciosos de pobreza y desigualdad en círculos virtuosos de igualdad, fraternidad, libertad, justicia y solidaridad.
Puede sonar descabellado y casi imposible relacionar en un mismo modelo el Capitalismo y el Socialismo, conjugando tendencias Liberales y Conservadoras desde múltiples ángulos, pero la Europa del siglo XXI nos ofrece desde el XX, el abanico más amplio de esta capacidad innovadora. En la Europa de principios del siglo y finales del pasado, se han venido experimentando diversas formas de emprender esta dupla futurista. Rusia y China también empujan en esta senda a un patrón similar -muy particular y sui generis si se quiere-, en su evolución y adaptación al capitalismo reinante. En los Estados Unidos de América es latente igualmente esta tendencia.
La experiencia de las pandemias y el exterminio de la naturaleza por el hombre de manera indiscriminada nos dirigen hacia la sustentabilidad de manera determinante y sin ambages, y la tan trillada triada; de igualdad, fraternidad y libertad ansiadas en la máxima francesa debe ir acompañada por la solidaridad, pues como bien reza el artífice de la Mano Invisible (Adam Smith); “no es de la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero de donde cabe esperar nuestro almuerzo, sino de la atención de su propio interés”, en este generalización y por el bien común, de la humanidad en su conjunto, recursos los hay, falta resolver los cómos y de esto tratamos aquí. La justicia en este caso debe ser un sinónimo real de la igualdad, por ello lo recalcamos como una necesidad imperiosa y definitiva.
Debemos desarrollar e implementar los mecanismos para igualar ingresos laborales y costos de canasta básica a nivel mundial, así como su accesibilidad y plantearnos el suplir a los políticos: “Que no produce riqueza, ni siquiera bienestar y así tendríamos para pensiones, sanidad, educación y mil cosas más. Pero, sobre todo, quitaríamos a todos los inútiles chupocteros” (sic), como sugiere el profesor José María Gay de Liébana, “que hemos de eliminar la gigantesca industria política que se ha generado y que consume cerca de 25,000 millones de euros al año”, y que como bien venimos confirmando en muchos casos, es un gran teatro de farsa contra y muchas veces productores/difusores de fake news, un día el mismo político se dice y se desdice según su personal conveniencia o de su grupo político sin el menor resquemor, el cinismo se ha apoderado del sistema. La política es un invento griego que hoy por hoy no se justifica sino para engrosar los bolsillos de los partidos políticos y sus hidalgos.
[1] Zeland, Vadim: Reality transurfing, El espacio de las variantes, Ediciones Obelisco, España, 2010.