La senda a seguir

Paralelamente se gestará en su génesis una filosofía, metodología y herramientas ajustadas a las peculiaridades regionales, con el fin de apoyar el desarrollo e implementación de Sistemas Expertos (SS.EE.), de Gestión de Conocimientos (SS.G.CC.) y Basados en Conocimientos (SS.BB.C.), que se adapten y adopten las realidades pasadas, presentes y futuras.

Incluyendo dentro de la necesaria Fundación de la pretendida/propuesta Escuela, Facultad o Comisión de Inteligencia Artificial (EIA/FIA/CIA), temáticas influidas por la premisa de adquirir, formalizar, representar y utilizar la suma de conocimientos, heurísticas y experticia de la mayor calidad posible, para tareas específicas, las que desde luego deben estar al día de los avances científico-tecnológicos, máxime en los campos de la computación, recibiendo en esta naciente escuela la capacidad y versatilidad para desarrollar herramientas propias para el desarrollo de sistemas computacionales ad hoc.

Lo que compete a equipos pluridisciplinares altamente preparados y con una gran amplitud de miras. Entre los que se fomente la solidaridad, la ética y el emprendimiento que se traduzca en valor agregado a la comunidad que corresponda. Conjugando certeramente la Ciencia (algoritmos, matemáticas, psicología, etc.) con la Tecnología (electrónica, física y química aplicadas, ingenierías informáticas, etc.), esta nueva legión de neo enciclopedistas cibernéticos, los cuales deben de forma interactiva asistir a foros intercontinentales continuamente para mantenerse actualizados.

Para una exitosa tarea de conjunto, los contenidos o estructuras curriculares concretos, deben estar elaborados en base a los siguientes contextos analíticos: como punto de partida; la identidad etopéyica correspondiente que permita hacer una radiografía del status quo de la particular configuración de la condición humana de la región, siendo incluyentes con las distintas configuraciones regionales, situándolas como subsistemas.

No aboga la propuesta por una postura Neo-Arielista que retraiga nuestra conciencia al concepto de dos campos antagónicos como pregonizaba Rodó [1], sino es la definición de una formación de nivel universitario aséptica, diáfana, ecléctico-diletante y apolítica que combine las distintas áreas del saber en que se han de desenvolver los equipos pluridisciplinares, interactuando -en la medida de lo posible- con las distintas instancias gubernamentales, municipales e internacionales para conocer de primera mano sus peculiaridades, carencias y perspectivas.

Esto no significa ni mucho menos la pretensión de cerrar filas de forma etnocéntrica, sino un esfuerzo por reconciliarnos con nosotros mismos y enaltecernos en nuestra propia identidad histórico-dialéctica, desde una perspectiva actual globalizada con intercambios recíprocos y cooperativos, que se anticipen de forma futurista a un futuro mundo que deserte de los Estados nacionales hacia un Estado supranacional o transnacional de forma lúcida y respetuosa con los usos y costumbres locales.

Resaltando el que la categoría de identidad posee por sí misma la capacidad heurística de “servir como centro teórico, pedagógico y político del nuevo paradigma educativo-científico, porque permite tanto el trabajo analítico inductivo como el deductivo-sintetizador y la orientación de ambos dentro de una estrategia de liberación didáctica, pedagógica y política. Al aprehender los aspectos comunes o generales de las identidades regionales y locales mundiales, el diseño del nuevo proyecto mantendrá la necesaria unidad en la pluralidad tan diversa” [2] de nuestro planeta.

El segundo contexto de investigación e inclusión viene dado por los sistemas de educación. Un análisis de estos paradigmas permitirá conocer, las características posopográficas, etopéyicas de las naciones, así como sus perspectivas y límites en los intentos del pasado.

El tercer contexto viene implícito en las condiciones objetivas regionales, junto con las condiciones subjetivas, que configuran los horizontes del futuro plausible. Subdividiéndolo en las variables: recursos naturales; tecnológicos y la calidad de sus estructuras estatales y por último el contexto que guarda el anterior en su relación o vinculación con la sociedad globalizada, permitirán definir más precisamente nuestras características deseables en la nueva estructura mundial. Teniendo en la mira que la calidad de vida hoy día depende del dominio de unas pocas tecnologías y materiales de punta, esas tecnologías y materiales deben ser prioritarios en el nuevo proyecto.

Los equipos pluridisciplinares formados en esta EIA/FIA/CIA, deben estar compenetrados además de con materias relativas a la computación y sus distintas ingenierías, con la problemática actual mundial, su geografía, economía, política y su administración pública. Por lo que esta escuela debe estar ubicada en la frontera entre las ciencias sociales y las técnico-matemáticas. Concentrándose en el aprendizaje de metodologías para educir, modelizar e implementar los conocimientos en herramientas propias desarrolladas por ellos mismos o ya existentes que se adapten a peculiaridades específicas de cada área.


[1]  El Arieslismo fue un movimiento surgido a raíz de la publicación del ensayo “Ariel”, del uruguayo José Enrique Rodó en 1900, que enunciaba la idea de que la cultura se sustentaba en dos campos antagónicos: el de la “cultura anglosajona, materialista, pragmática, todo el tiempo interesada, que tendía a conquistar un posición hegemónica en América Latina a través de acciones imperialistas de Estados Unidos”, y el latinoamericano, heredero de la “cultura mediterránea, grecolatina, espiritual, libre y desinteresada”, representada por Ariel, genio alado, símbolo de la inteligencia libre. Guevara Niebla, Gilberto: “La experiencia educativa”, Revista Nexos, N° 288, México, diciembre 2001.

[2]  Dieterich, Heinz: Identidad… op. cit En la vía hacia la construcción de una “sociedad hermanada, participativa y democrática es imprescindible usar la historia que mira hacia el futuro”. Pues la “capacidad latinoamericana y de cada uno de sus pueblos para determinar su propio destino depende de su identidad, es decir, de la comprensión de las tres dimensiones de nuestro ser concreto dentro del continuo: pasado-presente-ponvenir,” que vienen explicitados por este autor, quien concluye además en que “contribuir a la reconstrucción y al avance de esta identidad, es decir, su capacidad de autodeterminación es, por ende, obligación de cualquier compromiso latinoamericanista”.

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