Por una dialéctica comprensible, clara y concisa.
A lo largo de las siguientes páginas se presentan de forma coherente y sustentada, -utilizando para ello algunos pensamientos en ocasiones arduos y reiterativos que buscan racionalizar los cómos y porqués-, de una serie de argumentaciones que refieren de forma aún incipiente, el paso de la era contemporánea un tanto desordenada y sin gobiernos consistentes, hacia el umbral de un futuro más rico y promisorio, fruto del trabajo organizado y reflexivo de toda la historia de la humanidad por y para ella.
Para tal labor se recurre incluso a metáforas y alegorías que ilustren de forma clarificadora la senda que se pretende mostrar. Así inicia para ir uniendo conexiones con la realidad más recapitulada en las últimas fechas, sugiriendo que el impasse que marcó el 11 de septiembre americano del 2001 y un sinfín de crisis y conflictos hasta el reciente Covid-19 de 2020/21, pueden despertar entre nuestra sociedad una ventana que catalice las oportunidades derivadas de la realidad más cercana y apremiante.
El tema que se presenta no es nada nuevo, pero si es tratado desde una perspectiva, que aunque se imagina de futuro cuasi determinista, el tomar la delantera al destino e intentar modelarlo según parámetros aproximados -a lo que a continuación se propone-, puede ser un atajo hacia un futuro prometedor más saludable, no solamente recomendable para la sociedad mundial, asumiendo así que buena parte de la humanidad está entrando al futuro, mientras la mayoría se encuentra postrada en la decadencia del pasado de una forma muchas veces insultante que debemos superar.
Lo que se pretende manifestar con los dos axiomas con que inicia la argumentación, es por un lado la ya manoseada y nada trivial realidad de que los momentos mencionados marcan en la realidad contemporánea mundial, un antes y un después, con un sinfín de cambios a partir de los mismos, algunos ya reseñados en distintas reflexiones al respecto y muchos más aún por descubrir. Lo que no significa que estos cambios sean fruto única y exclusivamente de los acontecimientos terroristas acaecidos en Estados Unidos, o de la pandemia del Coronavirus y otros preexistentes, sino que estos han sido un catalizador de procesos anteriores ya encaminados en la historia contemporánea mundial y que se aceleraron tras estos trágicos episodios.
Además, las guerras de la nueva era, incitan a plantearse seriamente la viabilidad de estas propuestas, dado que las sociedades en desarrollo están a merced, no solo de las potencias mundiales, líderes de la tecnología, sino incluso de hackers y terroristas sin fronteras, ética ni principios pro-humanistas. Y tras la pandemia del Covid-19, la ficción y las “conspiranoides” tribulaciones de las redes internáuticas nos dan mucha materia para ir construyendo nuestros propios; Big Brothers del 1984, de Orwell o Farenheit 451, de Bradbury, más virulentos unos que otros, sin cuartel a la razón y a la par, con mucha desazón.
No se pretende argumentar que estos escenarios sean decisivos ni definitorios, se emplean como podría hacerse con tantos otros más añejos y asentados como el fin de la Guerra Fría, la irradiación de la Globalización, actual mundialización, la existencia y aplicación o no de la industrialización y los ismos; liberalismo, comunismo, socialismo, capitalismo y neoliberalismo, la irrupción de Internet en la economía y un largo etcétera de datos que confirman que el viraje de las tendencias internacionales valoran de forma trascendental y definitiva el ya incesante valor humano y muy específico de nuestra raza que es el conocimiento, así resulta que “percibir y asumir a tiempo el cambio significa adquirir la capacidad de dirigirlo” en pos de un destino preconcebido en los más hondos y magnánimos ideales humanistas de nuestra sociedad, por crear mecanismos interactivos para solucionar problemas nacionales y mundiales que afectan a la población mundial de mayor o menor manera a corto, mediano y, o más largo plazo.