De la noción de Inteligencia Artificial a la forja de un destino

Non nova, sed nove

Hay un tópico que se utiliza mucho a últimas fechas y muchas veces solamente de forma retórica y que según la fuente reza; que la riqueza de las naciones radica en su capital humano, resulta así necesario el aprovechar el punto de inflexión en que se encuentra el desarrollo de la tecnología e inculcarlo en las generaciones venideras de forma definitiva y definitoria, mediante el cultivo sistematizado y racional de especialidades científico-tecnológicas para gobernar las inconmensurables y estólidas fuerzas de la globalización. Puesto que la “actual globalización con su potencial tecnológico, económico y científico, acumulado por la humanidad, ha generado ya las condiciones objetivas para la futura sociedad global, basada en la economía de equivalencia y la democracia participativa”[1], y/o las vertientes que el destino más noble y encauzado nos vaya confiriendo.

Para comprender cabalmente estos razonamientos es esencial bosquejar al menos, dada la abundancia de opiniones y visiones desde las que se lo plantee, lo que se puede considerar una “forma de comportamiento inteligente”, [2] cuyas características son:

  1. Que no está condicionado, en los seres vivos, se da por mecanismos desencadenantes innatos y movimientos instintivos especiales adaptados a situaciones concretas. En general, se puede decir que no viene condicionado por mecanismos “apriorísticos” inflexibles, biológicos o no.
  2. Que toda situación nueva, tan pronto es percibida, se domina sin la necesidad de recurrir al ensayo, con el subsiguiente encadenamiento de errores hasta dar con el éxito buscado, ni cualquier otro procedimiento de aprendizaje.
  3. Que la representación de las distintas situaciones y sus interrelaciones de cara a su solución, se hace mediante operaciones realizadas in mente, sin necesidad expresa de ejecutarlas materialmente.

Sin embargo, en la realidad, esa inteligencia enteléctica o químicamente pura no se da, sino en excepcionales ocasiones por lo que la tendencia está dada hacia construir programas que aprendan. De hecho, una manera en apariencia obvia, pero contraria a la característica “b”, de hacer que los programas lleguen a ser inteligentes, es capacitarlos para aprender a partir de la experiencia, mejorándose de este modo a sí mismos. Siempre en la consciencia de que la máquina manipula signos carentes de significado para ella, ya que los símbolos que se le introducen carecen de significado, porque todo carece de significado para ella. “Nosotros somos los que podemos interpretar los signos que introducimos”. Dado que la máquina no tiene vida propia, además que carece de autonomía al ser un instrumento creado por el hombre.[3] Aunque se puede fácilmente establecer una analogía entre la conexión neuronal y la comunicación mundial. La cual se basa en la simulación software, capaz de definir el comportamiento de las neuronas y de imitar el mecanismo de las conexiones entre ellas.

Ya el paradigma clásico de la IA reza que “toda acción inteligente puede realizarse mediante la manipulación de un determinado sistema de símbolos”[4], que desemboco al nuevo paradigma que sugiere la paralelización de la IA hacia la resolución de problemas por medio de sistemas híbridos multiagentes que se basen en una actividad situada o anclaje físico[5] y una consecuente conexión entre percepción y acción. Para estos fines la IA se basa en reglas complejas más avanzadas que los sencillos algoritmos de las computadoras normales.

Aunque actualmente se puede afirmar que el escepticismo se ha apoderado de gran parte de los sectores reformistas, omitiendo estos los apoyos que aportan la heurística, la experticia,[6] o la invención a la hora de elaborar planes o programas, ya que se dice que para revertir el círculo vicioso que existe en la planificación, “no podemos esperar que las utopías movilizadoras surjan de la cabeza de un iluminado, es decir, que vuelvan a plantearse como el trabajo de un planificador que conjuga, en una sinfonía intelectual, la ciencia con la política”,[7] lo que se ha identificado como déspota ilustrado a efectos de las disertaciones que dirigen los presentes planteamientos.

Entonces sí no la utopía debe surgir de la cabeza de un iluminado, puede surgir de la suma de varios expertos, sus heurísticas, su experticia y su promesa de futuro, esta recapitulación puede ser esa piedra filosofal. En el entendido de que “etimológicamente hablando, la utopía no está en ninguna parte. Ontológicamente hablando es un imposible-real, una presencia-ausente, lo inubicable que facilita nuestra ubicación”[8].

Ha habido quien ha afirmado que “desafortunadamente no hay modelo ni computadora con algún tipo de piloto automático que oriente a la economía y a la sociedad en torno de estas consideraciones”[9], con ello se tiene el terreno arado, es una utopía, que no quimera, es una base de partida. Y más, acentuada con la contraparte futurista, la que se plantea que en este momento nadie puede vaticinar cuáles serán las aplicaciones de los avances de la ciencia en estos campos.

Las computadoras y similares, son por ahora consideradas herramientas para almacenar, procesar y comunicar conocimientos. Mas, como ya se vislumbra en el “futuro cercano se crea una computadora de quinta generación con funciones de inferencia analógica, quizás sea posible convertir conocimientos (transformados en datos) en saber (juicio informado basado en la comparación de situaciones). Esto conduce a la conclusión casi inevitable de que la sociedad futura brindará creciente acceso al conocimiento y el saber tanto en el puesto de trabajo como en el hogar”[10].

Entendiendo que la trayectoria, los avances y su historia (no siempre plasmada en libros verazmente) del ser humano resultan ser el legado más inteligente del hombre al mismo, ya que en su visión contemporánea, lo que construye, es dado en la experiencia de miles y millones de experiencias pretéritas, escribiendo así la contemporaneidad.[11] Asumiendo la suerte de que en términos demográficos, políticos, económicos, sociales y tecnológicos, las generaciones, nacionalidades, razas, son más distintas entre sí ahora que en cualquier otro momento conocido por nuestra humanidad. Las sinergias y las fuerzas de gravedad en la sabiduría inherente a la historia, no hacen sino confirmar la tendencia inteligente, conveniente, urgente de concretar estas alocuciones, pasarlas de la tinta; información, conocimiento, experiencia, experticia, heurística, idea a la práctica.

Por esta mera circunstancia, la adición de utopías puede desembocar en una utopía; una y múltiple. La que integre de forma plural e incluyente a todos los sectores, para preservar y fortalecer la identidad multicultural regional, bajo la premisa de que la mejor política internacional es la suma de las mejores políticas nacionales.

Si bien la utopía posee, por definición, un carácter de imposible, su efecto de contraste permite desembozar la irracionalidad de la situación desde la cual se utopiza. Facilitando así la propia ubicación, al servir de referente, hacia un estadio superior, desde un estadio procesal, causal. La utopía no sólo enfatiza lo ausente, sino también lo reprimido, e inclusive lo inconsciente.

El culmen que proponemos es, en esencia, el máximo umbral de la cultura, y contiene en su ser, toda la memoria cognoscitiva de la historia. Por lo que la IA, puede ser el recoveco, el atajo y el artificio hacia la utopía, contrariamente a quienes sostienen que “no hay atajos posibles hacia la sociedad justa”,[12] la IA, abre un camino y esa posibilidad ideal. A la vez que fractura el estigma que afirma que “la utopía es panteón de imágenes ejemplares”[13].

Octavio Paz llegó a expresar que, “tenemos que aprender a mirar cara a cara la realidad. Inventar, si es preciso, palabras nuevas e ideas nuevas para estas nuevas y extrañas realidades que nos han salido al paso. Pensar es el primer deber de la ‘inteligencia’. Y en ciertos casos el único”. Así llega a la conclusión de que “tanto mejor si no tenemos recetas ni remedios patentados para nuestros males. Podemos, al menos, pensar y obrar con sobriedad y resolución”.[14]

Por tanto, estamos en el camino, y con la posibilidad de atrevernos a concebir lo imposible, y descubrir por esta vía lo posible, ya que “lo posible sólo es visualizado al someter lo imposible al criterio de la factibilidad”.[15]


[1]  Dieterich, Heinz: Identidad Nacional y Globalización: La tercera vía; Crisis en las Ciencias Sociales, Editorial Nuestro Tiempo, México, 2000. La economía de las equivalencias trabaja a partir de la idea de tener una economía en la cual todos tengamos recursos equitativos y/o similares. Este sistema supone que casi se elimine las injusticias sociales causadas por la falta de recursos económicos.

[2]  Juristo Juzgado, Natalia et al: Inteligencia Artificial. Métodos y Técnicas. Editorial Centro de Estudios Ramón Areces, S. A., Madrid, España, 1993.

[3]  Searle, John R.: “La conciencia de Deep Blue”, extracto del libro del mismo autor titulado: El misterio de la conciencia de Editorial Paidós, en Revista Nexos, N° 274, México, octubre 2000.

[4]  Newell (1971). Citado por Fernando de Arriaga Gómez en material de trabajo del Tutorial: “Los sistemas MultiAgente y su aplicación al Aprendizaje”, en el Congreso Internacional Mexicano de Inteligencia Artificial, Acapulco, Guerrero, México, del 10 al 14 de abril del 2000.

[5]  Se enfoca sobre la acción del agente bajo conductas acordes a las situaciones de un momento y entorno.

[6]  Los métodos heurísticos, esencialmente, simulan a los procesos del pensamiento de los que toman decisiones o resuelven problemas. La heurística es lo que se denomina conocimiento experto, mientras que la experticia es el conocimiento experto específico de la tarea.

[7]  Hopenhayn, Martín: Ni apocalípticos. ni integrados, aventuras de la modernidad en América Latina. Fondo de Cultura económica, Chile, 1994.

[8]  Hopenhayn, Martín: Ni apocalípticos… op. cit..

[9]  Patel, G.: “Keynote Address. Limits of the Current Consensus on Development”, Proceedings of the World Bank Annual Conference on Development Economics 1993, B. M.. Washington (1994), en Aguilar Barajas, Ismael: “Las micro, pequeñas y medianas empresas en el desarrollo industrial de México”. Revista Comercio Exterior, Vol. 45, Nº 6, México, junio de 1995.

[10]  Sakaiya, Taichi: Historia del futuro: La sociedad del conocimiento. Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 1994.

[11]  “Desde los tiempos de la antigua Grecia, la población mundial se ha incrementado más de 55 veces, mientras que la cantidad de información disponible lo hizo cerca de 100 millones de veces. Lo anterior significa que el conocimiento universal se duplica aproximadamente cada cinco años” según Antonio Puig, presidente del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática de México, en Guadarrama H., José de Jesús: “Acaparan países desarrollados 92% de los cibernautas”, Diario El Financiero, México, 8 de septiembre del 2000.

[12]  Aseveración de Javier Pérez de Cuéllar, durante la presentación del Informe sobre Cultura y Desarrollo de la Unesco, en la sede de CEPAL, en Santiago de Chile, el 13 de agosto de 1997. Pérez de Cuéllar, Javier et al: “Nuestra Diversidad Creativa”. Informe de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo, UNESCO, UN, París, Francia, 1996.

[13]  Alvarez, Lluís: “El fin del fin, emancipación sin utopía y apuesta por el Canal Global”. Rivista di Estetica, Número 47, (2 94/95), año XXXIV, XXXV, Italia, 1995, cursiva adaptación (utópica por ideal), de GC, M.

[14]  Paz, Octavio: El laberinto de la soledad. Fondo de Cultura Económica, Colección Popular, España, 1986.

[15]  Hinkelammert, Franz: “El realismo en política como arte de lo posible”. FLACSO, Chile, 1984, en, Hopenhayn, Martín: Ni apocalípticos… op. cit..

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